Pero es que este sueño celta es un hueso demasiado duro de roer. La historia de Roger Casement que salió de su Irlanda natal y luego de su Inglaterra adolescente, en pos de un sueño o un sino: ahondar en las raíces del colonialismo, develando la degradación, la maldad y la crueldad humanas suena interesante e instructivo, pero una descripción exhaustiva y pormenorizada de cada incidente o suceso (con un sin número de fechas y lugares) y cada persona implicada en la historia, que conforma una vida colmada de sucesos, viajes y experiencias pueriles pero también de un sinfín de momentos insignificantes, repetitivos o poco atractivos es, más que biografía, más que historia novelada, más que fuente de aprendizaje y motivo de reflexión, un ladrillo literario.
Surcando mares y adentrándonos en los más intrincados territorios del Congo y la Amazonía, suman más tierras, puertos y personajes que los que el propio escritor pudo enumerar sin fatigarse... El celta es un personaje con historia, pero su historia larga, compleja y tortuosa, pesa más que el mismo protagonista. No se nos permite a los lectores acercarnos a su psicología, a la naturaleza de su alma, y tal vez por eso, sin dejar de comprender la inhumanidad del colonialismo y conocer los utópicos sueños y agonías de este buen celta en abstracto, no sufrimos con él. Roger Casement permanece tan distante e inmaterial como esos monarcas, presidentes, héroes y patriotas de los libros de historia.
Sin embargo, - y aquí viene la paradoja- ¡qué libro tan rigurosamente bien escrito! ¡Qué soltura y fibra de prosista magistral, qué facilidad de palabras! Lástima que la literatura, la buena, la de Vargas Llosa, nunca ha sido puro ejercicio de oficio, sin ser también, y sobre todas las cosas, hecha para deleitar, distraer, cautivar, fascinar a quien va destinada.
El sueño del celta cada vez se pone más celta, y sus interminables páginas no están hechas a prueba de somníferos: nos ganan la pelea por knockcout. Pero en el territorio ensoñador de sus lectores permanece el insomne deleite de esas geniales obras del autor que han sido Conversación en la Catedral, Historia de Mayta, La Tía Julia, La casa verde, El paraíso en la otra esquina... y hablar de esas maravillas sí que requeriría un montón de páginas.
